En 1936, un destacado editor norteamericano le escribió para pedirle un favor. Acababa de iniciar la construcción de una nueva ala de la biblioteca de su ciudad natal, y quería poner en una piedra angular una caja hermética de metal que contuviera objetos de interés para la posteridad. Uno de ellos sería un mensaje de Einstein. El científico contestó:

"Estimada posteridad: Si no has logrado ser más justa, más pacífica y, en general, más racional de lo que somos (o fuimos) nosotros, entonces... bueno, ¡que el diablo te lleve! Habiendo manifestado con todo respeto este piadoso deseo, quedo como tu atento servidor, Albert Einstein". (1)

Publicado en SELECCIONES DEL READER´S DIGEST. Setiembre s.a.
(1) Los siguientes fragmentos pertenecen a una colección que formaron y revisaron Helen Dukas, secretaria de Einstein, y el físico teórico Banesh Hoffmann, del Queen´s College de Nueva York, quien fue colaborador del maestro.

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